EL PRESENTE ARTÍCULO ES ÚNICA Y COMPLETA RESPONSABILIDAD DE UN SERVIDOR. SE EXIME EN SU TOTALIDAD POR LAS PRESENTES OPINIONES AL PERIÓDICO AQUI CUAUTITLÁN IZCALLI Y A SUS DEMÁS COLABORADORES. Atentamente: El Jalapeño Solitario.
El virus de la influenza porcina, AH1N1, tan de moda en estos días… Y es sólo eso: una moda pasajera, una etapa de consumismo a pesar de nuestra salud tanto física como mental. Si no me creen, he AQUI dos botones que seguro los pondrán a pensar: un video documental de Julián Alterini, videoasta argentino; y una carta de Elisa Blanchet, directora del Mercado Ecológico Ocelotl, de Xalapa, Ver. Ustedes decidan…
¿De dónde sacan la credibilidad...?
Si usted esta en la lista de espera o ya tiene la manga levantada para recibir la “vacuna” contra la influenza H1N1, nacida en el alumbramiento fabricado en Perote, por favor diga de que cajón de su cerebro sacó la confianza en la Secretaría de Salud y en el Gobierno del Estado. De dónde exactamente, o bajo que mirada, le parecen confiables Fidel Herrera y Lila de Arce, o más allá, Felipe Calderón y el responsable directo de la salud de los mexicanos, si esta más que probado que el que seamos un pueblo enfermo jamás les ha quitado el sueño y no lo hará ahora el riesgo que corramos con la vacuna, siendo, como es, un gran negocio.
Esta “pandemia”, ya se ha dicho, es un invento exigido a la OMS, la servil institución mundial responsable de la salud, por quienes controlan al mundo y buscan remodelarlo... sin nosotros en él, de tal manera que los recursos naturales en agonía, abastezcan sus vidas un trecho más. Un mundo sin latinoamericanos, hindúes, africanos, árabes y una buena cantidad de chinos daría un gran respiro. El petróleo dejaría de ser una preocupación y lo mismo el abasto de agua, el oxígeno y otras menudencias vitales.
México…. Veracruz… el planeta entero, está plagado de gente enferma. Unos por los problemas que ocasionan el hambre y la desnutrición y otros por el exceso de toxinas a las que nos somete la publicidad alimentaria y su producción. No somos otra cosa que cobayos en un inmenso laboratorio. Animales a los que se les ha impedido morir tempranamente, como era hace tiempo, porque los muertos no pueden consumir lo que el vientre de los globalizadores arroja. Necesitaron prolongarnos la vida para usarnos, por lo que en ningún país se ha manifestado el binomio longevidad y salud. Somos ratas enfermas de diabetes, de obesidad, de cardiopatías, de problemas neurológicos, musculoesqueléticos, cirrosis y drogas. Todo ello evitable… si quisieran… los que no quieren.
Y no hay en el horizonte en el que nos movemos, nada que nos convoque masivamente a cambiar de hábitos por los que buscan la salud. Por el contrario. En nuestro país las ventas de alimentos noscivos están a diez pasos en cualquier dirección y en las escuelas de todos los niveles, donde se prepara “el futuro de la Patria”, la oferta alimentaria es morbosamente insana.
Otro mancha del tigre la constituye la producción agropecuaria que intensifica e intensifica la toxicidad de sus elementos. La salud de los campesinos se ve afectada, sus hijos nacen frecuentemente con deformidades y el problema llega a la mesa de los consumidores por doble vía, ya que el manejo de los animales que comemos está también plagado de peligros para la salud.
¿Lo saben Fidel y Manuel? ¿Lo sabe Felipe? Es claro que sí, pero les conviene guardar silencio.
Y ahora se abre la otra puerta que nos regresa al principio de la historia: a mayor número de enfermos, mayor venta de fármacos dirigidos a fingir temporalmente la cura, mientras el problema de la no salud brota por otro lado y genera nuevas ganancias.
El caso de la pandemia inventada es una variante sobre el mismo tema que enriquece a los laboratorios mundiales, a los científicos sin escrúpulos, a los fabricantes de equipos sofisticados, a los proveedores de insumos, e incluye, sin duda alguna, a los políticos involucrados en el montaje del escenario de miedo, costoso y taladrante, que le tiene a usted esperando ansioso la aplicación de una vacuna a todas luces innecesaria que puede producir alteraciones graves a su bastante aparente salud.
¿Se ha preguntado cuánta gente muere de infecciones intestinales, de dengue hemorrágico, de paludismo, de tuberculósis, de cáncer, de cardiopatías, de diabetes, de obesidad…?
La cifra de muertes de la pandemia inventada (alrededor de mil personas en todo el mundo), no tiene paralelo con la morbimortalidad injustificada en México y en los demás países en desarrollo.
¿Cuántas campañas como ésta ha visto usted para abatir los orígenes de las enfermedades más típicas y más costosas en vidas humanas?
¿Y aún así les cree y permitirá que le vacunen… ?
Elisa Blanchet, Directora del Mercado Ecológico Ocelotl.
Ahí se los dejo de tarea.
Atte: El Jalapeño Solitario, vegetariano naturista.