¡Justo la entrada con el número de día en el cual se celebran los Santos inocentes!Y así caemos todos creyendo que ese señor regordete y colorado es una tradición milenaria, cuando en realidad sólo es producto del consumismo auspiciado por Coca-Cola. Aunque ¡total!, al paso de los años ya verán cómo el "desfile Coca-Cola" también se vuelve toooda una tradición mexicana.
Ya lo decía aquel dictador endémico de nuestro país: ¡Ay, México!, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos. Así somos de ignorantes y dejadotes.
EL PRESENTE ARTÍCULO ES ÚNICA Y COMPLETA RESPONSABILIDAD DE UN SERVIDOR. SE EXIME EN SU TOTALIDAD POR LAS PRESENTES OPINIONES AL PERIÓDICO AQUI CUAUTITLÁN IZCALLI Y A SUS DEMÁS COLABORADORES. Atentamente: El Jalapeño Solitario.
El virus de la influenza porcina, AH1N1, tan de moda en estos días… Y es sólo eso: una moda pasajera, una etapa de consumismo a pesar de nuestra salud tanto física como mental. Si no me creen, he AQUI dos botones que seguro los pondrán a pensar: un video documental de Julián Alterini, videoasta argentino; y una carta de Elisa Blanchet, directora del Mercado Ecológico Ocelotl, de Xalapa, Ver. Ustedes decidan…
¿De dónde sacan la credibilidad...? Si usted esta en la lista de espera o ya tiene la manga levantada para recibir la “vacuna” contra la influenza H1N1, nacida en el alumbramiento fabricado en Perote, por favor diga de que cajón de su cerebro sacó la confianza en la Secretaría de Salud y en el Gobierno del Estado. De dónde exactamente, o bajo que mirada, le parecen confiables Fidel Herrera y Lila de Arce, o más allá, Felipe Calderón y el responsable directo de la salud de los mexicanos, si esta más que probado que el que seamos un pueblo enfermo jamás les ha quitado el sueño y no lo hará ahora el riesgo que corramos con la vacuna, siendo, como es, un gran negocio.
Esta “pandemia”, ya se ha dicho, es un invento exigido a la OMS, la servil institución mundial responsable de la salud, por quienes controlan al mundo y buscan remodelarlo... sin nosotros en él, de tal manera que los recursos naturales en agonía, abastezcan sus vidas un trecho más. Un mundo sin latinoamericanos, hindúes, africanos, árabes y una buena cantidad de chinos daría un gran respiro. El petróleo dejaría de ser una preocupación y lo mismo el abasto de agua, el oxígeno y otras menudencias vitales.
México…. Veracruz… el planeta entero, está plagado de gente enferma. Unos por los problemas que ocasionan el hambre y la desnutrición y otros por el exceso de toxinas a las que nos somete la publicidad alimentaria y su producción. No somos otra cosa que cobayos en un inmenso laboratorio. Animales a los que se les ha impedido morir tempranamente, como era hace tiempo, porque los muertos no pueden consumir lo que el vientre de los globalizadores arroja. Necesitaron prolongarnos la vida para usarnos, por lo que en ningún país se ha manifestado el binomio longevidad y salud. Somos ratas enfermas de diabetes, de obesidad, de cardiopatías, de problemas neurológicos, musculoesqueléticos, cirrosis y drogas. Todo ello evitable… si quisieran… los que no quieren.
Y no hay en el horizonte en el que nos movemos, nada que nos convoque masivamente a cambiar de hábitos por los que buscan la salud. Por el contrario. En nuestro país las ventas de alimentos noscivos están a diez pasos en cualquier dirección y en las escuelas de todos los niveles, donde se prepara “el futuro de la Patria”, la oferta alimentaria es morbosamente insana.
Otro mancha del tigre la constituye la producción agropecuaria que intensifica e intensifica la toxicidad de sus elementos. La salud de los campesinos se ve afectada, sus hijos nacen frecuentemente con deformidades y el problema llega a la mesa de los consumidores por doble vía, ya que el manejo de los animales que comemos está también plagado de peligros para la salud.
¿Lo saben Fidel y Manuel? ¿Lo sabe Felipe? Es claro que sí, pero les conviene guardar silencio.
Y ahora se abre la otra puerta que nos regresa al principio de la historia: a mayor número de enfermos, mayor venta de fármacos dirigidos a fingir temporalmente la cura, mientras el problema de la no salud brota por otro lado y genera nuevas ganancias. El caso de la pandemia inventada es una variante sobre el mismo tema que enriquece a los laboratorios mundiales, a los científicos sin escrúpulos, a los fabricantes de equipos sofisticados, a los proveedores de insumos, e incluye, sin duda alguna, a los políticos involucrados en el montaje del escenario de miedo, costoso y taladrante, que le tiene a usted esperando ansioso la aplicación de una vacuna a todas luces innecesaria que puede producir alteraciones graves a su bastante aparente salud.
¿Se ha preguntado cuánta gente muere de infecciones intestinales, de dengue hemorrágico, de paludismo, de tuberculósis, de cáncer, de cardiopatías, de diabetes, de obesidad…?
La cifra de muertes de la pandemia inventada (alrededor de mil personas en todo el mundo), no tiene paralelo con la morbimortalidad injustificada en México y en los demás países en desarrollo.
¿Cuántas campañas como ésta ha visto usted para abatir los orígenes de las enfermedades más típicas y más costosas en vidas humanas?
¿Y aún así les cree y permitirá que le vacunen… ?
Elisa Blanchet, Directora del Mercado Ecológico Ocelotl.
Ahí se los dejo de tarea.
Atte: El Jalapeño Solitario, vegetariano naturista.
¿Qué ocurre cuando la crisis aprieta? (Y no nos referimos a que nos ponga más negros de coraje contra el gobierno —del verbo "aprietar", ponerse más prietos...— mal chiste): los mexicanos hacemos gala de ingenio y salimos adelante (llevamos toda una existencia haciéndolo con semejantes gobiernos que nos han tocado desde nuestra Independencia).
¿Que tenemos una barda, una pared, un espacio construido que tiene vista a la carretera? ¡Pues vendámoslo como espacio publicitario y listo! Las quincenas, si no holgadas, seguro se verán un poco menos carentes de posibilidades. Además, con la nuevas campañas de publicidad, a lo mejor nos toca un bonito anuncio que nos ayude a mejorar la vista… (mmmh, no lo creo, la verdad "la chispa de la vida" sigue siendo insoportablemente cursi).
Pero bueno, el caso es que estos departamentos existen en la carretera México–Veracruz (desconozco a qué altura —como AQUI decimos— aunque seguro es a ras del suelo), y también es seguro que algún dinero sí sacan, de lo contrario, no los hubieran pintado todos.
Sí. Toda la unidad habitacional está decorada de esta manera. Buena idea, ¿no?
P.D. Si alguien sabe cómo se llama la comunidad, hacérnoslo saber sería un buen detalle de amistad.
¿A quién no le ha llegado el correo electrónico con una infinidad de ejemplos fotográficos de anuncios mal escritos en nuestras atormentadas calles? Algunos curiosos, otros horrendos, e incluso los hay que hacen sospechar que el autor de la foto los haya colocado a propósito con tal de criticar (de lo tontos que son).
¿Y qué tal aquel otro correo (electrónico también, pues del tradicional pareciera que ya ni existen), en donde vienen a cual más, ejemplos gráficos del ingenio humano para solucionar problemas cotidianos? ¡Pá su mecha! Nos pintamos sólo cuando es cuestión de inventar curiosidades. Sería interesante hacer un concurso.
Y como buen mexicano, no dejo de ser criticón y no me gusta quedarme atrás: en mi tierra veracruzana también se dan buenos ejemplos, y para muestra, tres botones al menos (todos con su folclórica idiosincracia —¿no será más bien indiosingracia?). Las fotografías (de abajo de los textos, las otras son del internet) las tomé yo mismo con mi celular nuevo el cual compré en "Eleitronis electronics", un pequeño punto de venta cercano a un lujoso centro comercial. ¡Ah!, cosas qué se ven en el país de las curiosidades.
Para abrir sabor de boca, una de nuestras folclóricas combinaciones de spanglish (el comerciante seguramente piensa que ello le dará categoría sin darse cuenta que le resta seriedad). Eso no es inglés ni español.
La actitud humanitaria ante todo: no siga adelante porque el camino se pone difícil. ¡Claro que esto dicho con todo el folclorismo posible! Un letrero así, da risa a quien lo topa en su camino.
¿Cómo les quedó el ojo? El "Hotel California" de las águilas está en Xalapa. Exactamente en la calle de González Ortega. Oigan, pero si las águilas están en Veracruz, entonces, Los tiburones, ¿de dónde son? (mal chiste local, lo sé).
Para terminar por esta vez, les diré que el lugar donde vivo se llama Rancho Jarán ("lugar de paso" en hebreo). Lo curioso del letrero pintado a la entrada, es que por quererlo hacer garigoleado y elegantioso, también resultó un tanto ilegible: los visitantes que llegan no saben si el lugar se llama: "Jrrrn", "Jarrn", ó "Jrran". Ja, ja, ja… Jarán.
Yo siempre lo he dicho: el mayor porcentaje de culpa de que nuestro mundo esté como está en la ctualidad no es del gobierno, ni de la gente, ni de los jóvenes, ni siquiera de las trasnacionales. No. La mayor culpa de todo, la tienen los publicistas. Los mercadólogos, los diseñadores gráficos de publicidad, los gerentes publicitarios.
Y no es una broma ni una opinión sarcástica. Es en serio. Nuestra mala alimentación no es culpa de las compañías industrializadoras de alimentos (podemos decidir no consumirlos), sino de aquellos que se encargan de lavarnos el cerebro mediante mensajes muy bien pensados para crearnos la necesidad. La inseguridad sube o baja según los gobiernos usen mayor o menor publicidad al respecto (si no me creen, vean "Masacre en Columbine" —Bowling for Columbine, de Michael Moore—, y abran los ojos).
Películas como "Super engórdame" (Super size me, de Morgan Spurlock), nos dejan entrever la maldición de nuestra hyper consumista sociedad. Es en las agencias de publicidad y despachos de diseño donde, si es necesario para vender más, pueden no sólo cambiar verdades y estudios científicos a su conveniencia, sino hasta falsificarlos como los clásicos notarios que verifican las pruebas fraudulentas de muchos productos milagro anunciados en la TV mexicana. Actores contratados como notarios. Notarios que se dejan corromper por cuantiosas sumas de dinero.
Y para muestra de lo que les digo, varios botones de nuestra realidad publicitaria nacional en el medio más visto: la televisión. La nueva niñera de nosotros, los padres de la actualidad que le damos la vuelta a dar una verdadera educación a nuestros hijos, y les prendemos la tele, "para que se entretengan", "para que no anden de ociosos".
Los publicistas no se andan con medias tintas y van en contra de todo (verdaderos revolucionarios, pero en destructivo): incluso Mamá Naturaleza está mal…
El mensaje es claro y ambivalente: es natural sudar, pero como está mal que ocurra, este producto detiene eso tan feo (la naturaleza es errónea, ellos no). Sin embargo, por otro lado, resulta que si "sudar es natural", es demasiado obvio que Rexona, por más que se llame naturals, no lo es. Que es un producto completamente antinatural, perjudicial y tóxico (tanto como para lograr detener tu sudor, que es una vía natural de eliminación de toxinas).
El mismo tema: resulta que nuestro yo natural lo que quiere es que nos contaminemos con refrescos engordantes y tóxicos. ¡Y qué mejor opción que una Pepsi!, producto que lleva años engordando y enfermando gente al por mayor. La pregunta irónica al final ("¿No que sólo te gusta lo natural?), funciona como critica de los publicistas a esos que preferimos lo ecológico pero seguimos usando tecnología y cosumiendo cochinadas industrializadas, sin embargo, también es una venganza para ellos mismos: su "yo" natural, ni siquiera saber distinguir entre lo artificial y lo que no lo es. ¡Qué raro!
He conocido a lo largo de mi vida a muchos publicistas, diseñadores y gerentes de producto: la mayoría de ellos son gente altamente frustrada y que se dejan llevar por los estereotipos. Este comercial de Sol lo deja ver claro. Porque ellos vivan así, no significa que la mayoría de la gente no haga las cosas que proponen como originales (fiestas de pueblo en donde se inventan multitud de pasos de baile es cosa de cada fin de semana, a cada rato los niños adquieren nuevas mascotas sin aviso, la mayoría de parejas no esperan mucho antes de decir el primer te amo, incluso sin estar enamorados, etc.). Pero nuevamente vemos la visión érronea de la gente que maneja la publicidad: si ellos no viven así, el resto del mundo, tampoco.
Evitemos cansar a los lectores con más ejemplos de una vez (y que la página se vuelva lenta por los links de video): no es necesario más. Queda claro que los mensajes publicitarios son equívocos, enajenantes y peligrosos. Sólo es cuestión de que lo piensen unos momentos, y descubrirán que gran parte de los problemas vienen de nuestra sociedad de consumo que vivimos diariamente. Y ello proviene de las tortuosas mentes de quienes trabajan en ese rubro.
No propongo detenerlos, dejarlos sin trabajo, o tomar alguna venganza, porque ninguna de estas acciones serviría de nada. Lo que sí podríamos hacer es ser más concientes de nuestro cuerpo, nuestra vida y nuestro mundo. Y aunque eso se logra por infinidad de caminos, hay uno que nunca falla y es muy útil: conociendo, estudiando, informándonos.
Ya sea espiritual o científicamente, pero hay que enterarnos de lo que sucede alrededor, y de cómo podemos evitarlo. Sólo así mejoraremos nuestro entorno e interior.